Imagina que llegas a la adultez sabiendo cómo prevenir un embarazo, pero sin palabras para expresar lo que deseas. Tal vez aprendiste sobre riesgos, pero no sobre placer, consentimiento, cambios corporales o cómo pedir ayuda. Si tu cuerpo, identidad u orientación queda fuera de lo considerado "normal", encontrar respuestas puede convertirse en otra experiencia de juicio o silencio.
Cada 4 de septiembre, el Día Mundial de la Salud Sexual invita a mirar esas experiencias como parte de la salud y los derechos humanos. El lema de 2026, «Every Body», sostiene que la salud, el placer, los derechos y la justicia sexual pertenecen a todas las personas y a todos los cuerpos.
La Organización Mundial de la Salud define la salud sexual como un bienestar físico, emocional, mental y social relacionado con la sexualidad. Conocer cómo prevenir infecciones es importante, pero no suficiente: también cuentan la autonomía, la comunicación, la satisfacción, el acceso a servicios y la posibilidad de vivir experiencias seguras y libres de discrimen.
La evidencia sugiere que la educación continúa siendo relevante después de los 18 años. Un estudio experimental de 2025 trabajó con 160 mujeres adultas casadas: 80 participaron en ocho sesiones de educación sexual y 80 integraron el grupo de comparación. Tres meses después, el grupo que recibió la intervención mostró mejoras significativas en su capacidad para comprender y utilizar información sobre salud sexual y en su función sexual.
Otro estudio con 431 mujeres adultas encontró asociaciones significativas entre la alfabetización en salud sexual —la capacidad de encontrar, comprender y utilizar información—, la satisfacción, la autoeficacia y la función sexual. Aunque ambos estudios se realizaron en Irán y no representan todas las experiencias, coinciden en algo: la información puede influir en cómo una persona comprende y vive su sexualidad.
"Todos los cuerpos tienen el derecho de vivir, experimentar y consentir una sexualidad digna, con educación integral, respeto por el cuerpo y acceso a información empírica basada en evidencia. También tienen derecho a vivir una sexualidad satisfactoria y placentera, sin importar su raza, identidad, género, orientación sexual, expresión de género, diversidad funcional, diagnóstico de salud o características corporales."
Dra. Vivian Roque · Sexóloga especializada en sexopedagogía y sexopatología, creadora de Compartiendo la Sexualidad, integrante de AASECT y del Comité de Salud Sexual de APPRLa educación sexual en la adultez no comienza desde cero: muchas veces requiere revisar mensajes aprendidos sobre el cuerpo, el deseo y quién merece sentir placer.
¿Qué ocurre cuando el cuerpo aprende a juzgarse?
La autoestima sexual es la valoración que una persona hace de sí misma como ser sexual: si se percibe merecedora de placer, capaz de comunicar sus necesidades y con derecho a establecer límites. No depende únicamente de "sentirse atractiva"; también se forma mediante experiencias, relaciones y mensajes culturales.
Un estudio con 510 mujeres de 18 a 53 años encontró que la autoestima sexual y la comunicación con la pareja intervenían en la relación entre la imagen corporal y distintas áreas de la función sexual, como deseo, excitación, lubricación, orgasmo, satisfacción y dolor.
Por tratarse de una investigación correlacional con mujeres heterosexuales en China, no demuestra que una variable cause la otra ni representa a toda la población. Aun así, muestra que la percepción del cuerpo no queda frente al espejo: también puede entrar a la intimidad.
"Vivimos en un mundo que nos enseña que el placer se compra o se produce, cuando en realidad se siente en el cuerpo, en la mente y en el alma. Afirmar que el placer nos pertenece a todes es recordar que ningún cuerpo tiene que pedir permiso para desear ni ganarse el derecho a disfrutar. Es volver a nosotres y volver a vivir libremente."
Larissa Gloriel · Pleasure Coach, comunicadora con perspectiva de género y escritoraEse aprendizaje no ocurre en condiciones iguales. Los ideales de belleza, el edadismo, el capacitismo y las normas de género pueden convertir algunos cuerpos en deseables y otros en cuerpos que deben esconderse, justificarse o agradecer cualquier atención.
El discrimen también puede alejar a las personas de los servicios. La Encuesta sobre Racismo, Discrimen y Salud de KFF, realizada en 2023 con una muestra representativa de 6,292 personas adultas en Estados Unidos, encontró que 33% de las personas LGBT había recibido trato injusto o irrespetuoso de profesionales de la salud durante los tres años anteriores, frente a 15% de las personas no LGBT.
Además, 61% reportó alguna experiencia negativa con un proveedor de salud, comparado con 31% del grupo no LGBT. Entre quienes atravesaron experiencias negativas, 39% indicó que estas redujeron su disposición a buscar atención médica.
"No siempre hay profesionales preparados para atender sin prejuicios a la comunidad LGBTQ+, a personas con diversidad funcional o a personas mayores, más toda la desinformación que corre por las redes sociales. Hay que hacer que los servicios sean accesibles de verdad, en lenguaje, costo y ubicación, para que cuidar la salud sexual no dependa de cuánto puedas pagar o dónde vivas."
Tatiana Aponte Cruz · Sexóloga, terapeuta de parejas y Board Certified SexologistAunque estos datos no fueron recopilados específicamente en Puerto Rico, permiten observar las consecuencias de un sistema que todavía no reconoce la sexualidad como una necesidad de salud que debe atenderse durante toda la vida. La escasez de investigaciones locales, educación sexual para personas adultas y profesionales con preparación especializada dificulta identificar las necesidades reales de la población, favorece la desinformación y puede retrasar la búsqueda de ayuda. Esto afecta especialmente a personas LGBTQ+, adultas mayores, con diversidad funcional o residentes fuera del área metropolitana, quienes pueden encontrar menos servicios accesibles y afirmativos. Cuando la sexualidad se atiende únicamente desde la prevención de riesgos, asuntos como el dolor, el deseo, la autoestima sexual, el consentimiento y el placer permanecen invisibilizados. Más que una ausencia de información, se trata de una brecha de salud pública que limita el desarrollo de servicios, recursos y políticas adecuados para la población adulta del archipiélago.
La salud, el placer, los derechos y la justicia sexual pertenecen a todas las personas y a todos los cuerpos.
Roque concluyó con un llamado colectivo:
"Debemos crear un grupo multidisciplinario a nivel isla con información accesible sobre los profesionales y sus especialidades, para realizar referidos, orientar y apoyar a quienes necesiten educación o ayuda profesional en sexualidad. Crear vínculos entre profesionales y expertos permitiría una red de apoyo más accesible para las personas en Puerto Rico. También se deben exigir cursos de sexualidad humana en los currículos universitarios que cubran diversidad, equidad, inclusión, política pública y sexología."
Dra. Vivian RoqueEste artículo se publica en el marco del Día Mundial de la Salud Sexual (4 de septiembre), con el lema 2026 «Every Body» de la World Association for Sexual Health. Agradecemos a la Dra. Vivian Roque, Larissa Gloriel y Tatiana Aponte Cruz por compartir su perspectiva profesional para esta pieza.